27 d’agost 2008

El caballo ganador

Esa misma noche mandó un mensaje a su jefe.
He decidido apostar por el caballo ganador.

Ella tenía razón, tenía capacidad para alcanzar todo aquello que se propusiera, pero sus metas siempre eran las que otros le habían impuesto; sus logros, los que otros firmaban como propios. Había llegado el momento de aprender a volar, y para ello había que correr riesgos. Lo sabía y había dejado de asustarse por ello mismo. Su padre se lo dijo una vez...

Hijo mío, si quieres aprender a volar no puedes tirarte de la altura que una silla te ofrece.
Así nunca lo conseguirás. Debes irte al rascacielo que más pánico te de y lanzarte desde el último piso del mismo.


Tenía la experiencia, tenía el sueño, únicamente debía apostar por el caballo ganador: él mismo. La posibilidad del fracaso siempre existía, pero ¿por qué no iba a levantarse de nuevo?

La mañana siguiente no fue a trabajar.

3 comentaris:

Jesús M. Tibau ha dit...

nosaltres som la principal aposta, però sovint costa molt adonar-se'n

^____^ ha dit...

otia...

menudo final

blanca me has dejado :)

josepmanel ha dit...

Hi ha qui fa del viure una cosa acomodatícia i rutinària. El que és ben cert és que només el risc et fa aprofundir en el misteri de la vida. No te'l devetlla però t'ho fa gaudir...

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